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Murcia 11 de enero de 2012
INFLUENCIA DE LA ALIMENTACIÓN SOBRE EL ESTADO ANÍMICO.


La depresión es un trastorno caracterizado por un estado anímico triste o abatido, de gran intensidad durante un periodo de tiempo considerable.

A pesar de que el cerebro sólo representa el 2-3% del peso corporal total, es responsable del consumo del 20% de la energía que extraemos de los alimentos. Su funcionamiento requiere tan solo de oxígeno y de glucosa, sin embargo, son necesarios otros nutrientes para el desarrollo de funciones de la mente como la memoria, la concentración, el pensamiento que tienen su sede en el cerebro. Una alimentación desequilibrada puede producir carencias específicas de vitaminas o minerales que se manifiestan mediante síntomas o sensaciones como apatía, desgana, irritabilidad, nerviosismo, cansancio, falta de atención, fallos de memoria, de concentración e incluso depresión.



En muchas ocasiones buscar un cambio de hábitos o una manera de vivir “más natural” hace posible llegar al resultado deseado y combatir esta enfermedad, desafortunadamente tan habitual hoy en día. Por ejemplo, la sustitución de una dieta rica en productos precocinados y de elaboración industrial por otra, rica en alimentos  naturales y de elaboración artesanal, productos frescos como frutas y verduras, llenas de todas las vitaminas y minerales que necesita nuestro organismo, todo esto ayuda a superar la enfermedad y evitar recaídas.

 
 
Es posible superar una depresión sin tener que recurrir a medicamentos, ya que muchos de los síntomas relacionados con la depresión podrían tener su origen en una mala alimentación y una deficiencia de vitaminas y minerales en general. De este modo, cambiar los hábitos alimentarios podría ser un primer paso para ver desaparecer dichos síntomas.

Una alimentación sana, completa en productos frescos y naturales y, ante todo, variados nos aportará resultados verdaderamente sorprendentes y eficaces.
Los nutrientes más valiosos para combatir estados anímicos de abatimiento y depresión son los siguientes:

Los hidratos de carbono, fuente de glucosa

La glucosa, molécula en la que se descomponen los hidratos de carbono, es el nutriente energético que preferentemente el cerebro utiliza, de ahí que resulte esencial mantener estable su nivel en sangre (conocido como glucemia). Esto se consigue consumiendo con la frecuencia adecuada alimentos ricos en hidratos de carbono complejos -como pan, arroz y otros cereales, pasta, patatas y legumbres- y simples -como frutas, azúcar, miel y alimentos dulces en general-.
Se aconseja que los hidratos de carbono complejos prevalezcan sobre los simples porque permiten que la glucosa se libere paulatinamente y se mantenga estable la glucemia. Además, la distribución de la alimentación en varias tomas, es decir, comer 4 ó 5 veces al día, a horas regulares, y no dejar pasar más de 3-4 horas entre comidas, ayudan a mantener estable la glucemia.
También conviene romper el ayuno nocturno, bien con un buen desayuno bien con un almuerzo equilibrado, y en estas ingestas no pueden faltar los hidratos de carbono. Una hipoglucemia mantenida durante horas puede ser la causa del nerviosismo, la irritabilidad, el cansancio, la falta de concentración o los mareos, entre otros síntomas, que experimentan muchas personas durante la mañana si no se han alimentado bien.



El triptófano

La serotonina, también llamada hormona del humor, es un neurotransmisor (mensajero químico) relacionado con el sueño saludable, el estado de ánimo y el buen humor, y su concentración en el cerebro es directamente proporcional a la concentración de triptófano en el plasma y el cerebro. Los neurotransmisores son compuestos químicos que producen excitación entre las neuronas, lo que hace que éstas se comuniquen entre sí y trasmitan los mensajes. Diversas investigaciones han confirmado que la serotonina es muy abundante en los lugares del cerebro que dirigen el estado de ánimo y el afecto, y por tanto, los cambios en los niveles de serotonina afectan al ánimo. Esta sustancia también actúa como el reloj interno de nuestro cuerpo, y determina nuestros ciclos de sueño y de vigilia.
El triptófano es un aminoácido esencial, es decir, un componente de las proteínas que ha de ser aportado necesariamente a través de la alimentación. A través de complejos ciclos metabólicos se transforma en serotonina; y en esta conversión participa también la vitamina B6.
Alimentos ricos en triptófano: huevos, lácteos, pescados, carnes, legumbres (soja), frutos secos, frutas (plátano, piña, aguacate).



Vitaminas del grupo B

Las vitaminas del grupo B son las que más influyen en el buen funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso en su conjunto.

B1 o tiamina. La tiamina juega un papel fundamental en el metabolismo de los hidratos de carbono, por lo que su carencia afecta sobre todo a los tejidos que dependen mucho de este suministro energético, como el cerebro. Un consumo excesivo de alimentos dulces (azúcar, chocolate, bollería, repostería, pastelería, chucherías?) puede reducir las reservas de vitaminas B1, y esta es una de las razones por la que conviene moderar el consumo de estos alimentos superfluos. La escasez de esta vitamina produce irritabilidad nerviosa, falta de concentración y de memoria, y puede ser causa de depresión.

Esta vitamina abunda en: soja fresca, germen de trigo, carnes, pescados, frutos secos, legumbres o cereales integrales, especialmente en la avena.

B6 o piridoxina. Interviene en diversos aspectos del metabolismo y la biosíntesis de diversos neurotransmisores -entre ellos la serotonina a partir de triptófano-, y en la formación de las vainas de mielina de las neuronas, aislamiento necesario para que las neuronas y las fibras nerviosas puedan transmitir correctamente las señales y, por tanto, las órdenes de nuestro cerebro a los músculos del cuerpo. Su aporte deficiente puede causar irritabilidad, nerviosismo, fatiga e incluso depresión.

Encontramos esta vitamina en: germen de trigo, sesos y vísceras, pescado azul, quesos curados, frutos secos, cereales integrales, legumbres, levadura de cerveza.

B12 o cianocobalamina: Interviene en el buen funcionamiento del sistema nervioso, por lo que su deficiencia produce trastornos neurológicos, como neuropatía sensitiva con irritabilidad y depresión. Los alimentos de origen animal son las fuentes dietéticas de esta vitamina, y destacan: el hígado y vísceras, pescado azul (sardinas), solomillo, paté de hígado, huevos y queso.



Ácidos grasos esenciales

Los ácidos grasos esenciales, linoleico y linolénico, son necesarios para el desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso y del cerebro por su abundancia en la membrana de las neuronas.
Un aporte adecuado de ácidos grasos esenciales se consigue consumiendo aceite de semillas, frutos secos, germen de cereales, aguacate, cereales integrales, soja y aceite de hígado de bacalao, o complementos dietéticos como el aceite de onagra y el germen de trigo.

Fosfolípidos

Los fosfolípidos son una mezcla compleja de grasas, ácidos grasos esenciales, ácido fosfórico y dos vitaminas del grupo B como la colina y el inositol.

Estas sustancias forman parte de la membrana de todas las células, incluidas las neuronas, por lo que es precisa una concentración adecuada de estos compuestos en el organismo para el buen funcionamiento celular. Abundan en: hígado, sesos, corazón y yema de huevo.

Hierro

Las células cerebrales utilizan hierro para su funcionamiento normal a cualquier edad y este mineral interviene en la función y síntesis de neurotransmisores. Por ello, la deficiencia en hierro se relaciona con menor capacidad de concentración, de atención y de memoria y menor rendimiento escolar o laboral.

Los alimentos más ricos en hierro son: almejas, berberechos y similares, levadura, morcilla, vísceras (hígado, riñón), germen de trigo, foie gras, carnes (sobre todo de caballo), pescados, legumbres, frutos secos o cereales integrales. Los alimentos vegetales contienen hierro de menor absorción por el organismo. No obstante, combinándolos con alimentos ricos en vitamina C o en proteínas, aumenta la absorción orgánica de este mineral.

Otros alimentos que potencian la función cerebral y reducen la depresión son el cacao natural, la melaza negra y la nuez de brasil. Conviene evitar la cafeína, el tabaco y los alimentos con elevado contenido en grasa y azúcar. Es muy recomendable saber que:

Excitantes y relajantes

Además de los alimentos que nutren y favorecen el funcionamiento normal del sistema nervioso, también hay otros que contienen sustancias excitantes que pueden acelerar su actividad provocando nerviosismo o agravando la excitación.
El estimulante por excelencia es la cafeína, un alcaloide abundante en el café, el té (teína), las bebidas de cola, el cacao y el chocolate (teobromina). El ginseng también es un potente excitante y se añade a ciertas bebidas estimulantes o se consume como complemento. Asimismo, el alcohol que contienen en mayor o menor cantidad las bebidas alcohólicas altera al sistema nervioso porque es un potente tóxico para las neuronas.



Las sustancias estimulantes excitan pero no nutren y, aunque momentáneamente pueden proporcionar cierta ayuda, su uso continuado y exagerado acaba produciendo desgaste nervioso, agotamiento y falta de adaptación al estrés.

Para combatir el exceso de nerviosismo, se debe asegurar que el tejido nervioso esté bien nutrido, incluyendo alimentos ricos en los nutrientes descritos (hidratos de carbono, triptófano, vitaminas del grupo B, hierro y fosfolípidos). En estos casos, además de revisar que la dieta sea equilibrada, se aconseja incluir alimentos integrales, cereales como la avena, frutos secos, legumbres, aceite de semillas y complementos dietéticos como la levadura de cerveza, el germen de trigo o la lecitina de soja. También se puede hacer uso (siempre consultando a una persona experta) de plantas que contienen sustancias que ralentizan la función nerviosa y proporcionan al organismo la sensación de relajación esperada. Algunas plantas relajantes: avena, azahar, espino albar, melisa, pasiflora, valeriana, tila.

Atención al Cliente
Salmón a la espinaca

Ingredientes: (4 personas)

• 750 gramos de salmón
• 1 cebolla mediana
• 5 cucharadas de Aceite de oliva
• Eneldo, 1 ramillete
• ¼ de taza de caldo de pescado
• Sal de mar  al gusto
• 375 gramos de espinaca fresca, lavada y desinfectada
• 2 cucharaditas de vino blanco (opcional)
• 30 gramos de huevas de salmón
• 1 cucharadita de harina integral
• 1 cucharadita de comino en grano
• Pimienta molida al gusto

Elaboración:
1. Quitar la piel y las espinas al salmón, y cortarlo en filetes finos. Cocer las espinacas en agua y sal durante 10 minutos; colar, escurrir y picarlas. Pelar la cebolla y picarla muy menuda. Calentar la mitad del aceite en una sartén y rehogar la cebolla hasta que esté transparente. Incorporar las espinacas y rehogar durante 5 minutos. Agregar la harina, mezclar bien y regar con el vino y el caldo sin dejar de mover. Cocer durante 5 minutos moviendo a menudo.
2. Engrasar con aceite el fondo de una fuente, poner unas ramitas de eneldo, colocar la tercera parte del salmón sobre él y salpimentar. Colocar la mitad de las espinacas sobre los filetes de salmón, poner salmón sobre éstas, salpimentar y cubrir con las espinacas restantes, terminando con el salmón restante. Salpimentar, agregar el comino y más eneldo, rociar con el resto del aceite y tapar con papel de aluminio. Meter en el horno, previamente calentado durante 15 minutos a potencia fuerte. Sacar y servir con las huevas de salmón por encima.





















Empieza ya a comer bien.

 
El cambio de año es la escusa perfecta para mejorar los hábitos alimenticios menos saludables e incluso comenzar una dieta. Mejorar tu salud, controlar el peso, eliminar las toxinas acumuladas… es el momento de depurar tu cuerpo y cambiar tu forma de comer.
Para empezar la nueva temporada ligera pero llena de energía, te proponemos introducir en tu día a día algunos hábitos dietéticos que pueden cambiar no sólo tu línea y tu salud, sino tu vida.

Si te sientes hinchada, con el estómago pesado y la piel cetrina, puedes hacer una cura desintoxicante para que tu organismo se limpie desde dentro. Lo primero es eliminar totalmente de tu dieta, durante el máximo de tiempo posible, el alcohol, las grasas, los dulces, los azúcares, la comida precocinada y la fast food.


- Para desayunar lo ideal es un producto lácteo (yogur o leche, ambos desnatados) acompañado de hidratos de carbono integrales como pan, cereales o galletas.

- A media mañana se recomienda tomar una o dos piezas de fruta con una infusión. Las ideales son el té verde y el rojo por ser los más depurativos y antioxidantes, además nos ayudarán a quemar grasas.

- En la comida la mejor combinación es verduras con carne o pescado o bien verduras con pasta o arroz, también integrales. Recomendamos que la forma de cocinar los alimentos sea siempre a la plancha, cocidos y/o al vapor, y procurar utilizar aceite de oliva dejando de lado grasas como mantequilla, margarina etc...Al terminar otra infusión puede aligerar la digestión a la vez que nos hace sentir más saciados.

- La merienda es fundamental para no llegar a la cena con demasiado apetito, pues la última comida del día debería ser la más ligera. Así pues, a media tarde se recomienda un lácteo que podemos acompañar con una tortita de cereales o bien, si lo preferimos, hacer como el tentempié de la mañana y escoger alguna pieza de fruta.

- La cena debería basarse en verduras acompañadas de huevo, carne blanca o pescado a la plancha o vapor. Tomar una manzanilla o cualquier combinación de infusión de la gama “relajante” (amapola, hierba luisa, melisa, tila, lavanda, perejil,...) mejorará de nuevo nuestra digestión y es mejor que tomar un té básicamente porqué la teína puede afectar nuestro sueño y hacernos pasar la noche en vela.

Con todo esto resultará imposible sentirnos hambrientos sea cual sea el momento del día. Debemos recordar además que comer y digerir gasta calorías, pero que no solo debemos quedarnos con eso, sino que lo recomendable es practicar ejercicio regularmente y beber, como mínimo, de dos a tres litros de agua durante el día.

PIZZA VEGETAL LA COLEGIALA



INGREDIENTES: Harina integral de trigo, margarina vegetal, tomate, mozzarella, alcachofa, champiñón, espárrago, calabacín, cebolla, pimiento verde, aceituna negra, orégano y sal.

Elaborada con  gran variedad de verduras y con base  de harina integral lo que  supone un  importante aporte de fibra. Tiene un exquisito sabor y está muy jugosa.

La fibra es un componente indispensable en la dieta del ser humano y nos ayuda en la PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO de diferentes patologías:

COLESTEROL: 
-    Disminuye la absorción de grasa y colesterol que se ingiere con los alimentos.
-    Disminuye la concentración de colesterol en sangre.
-    Disminuye la síntesis de colesterol.

DIABETES:
-    Favorece una absorción mas lenta de los monosacáridos (azúcares simples, glucosa) contribuyendo de esta forma a mejorar la intolerancia de la glucosa de las personas afectadas por esta enfermedad.
-    El consumo de cereales integrales mejora la sensibilidad a al insulina y reduce de un 21 a 27% el riesgo de desarrollar diabetes.

PREVENCIÓN EN CÁNCER DE COLON:
-    Inhibición de la proliferación de las células cancerígenas
-    Impide la formación de portacarcinógenos.

OBESIDAD:
-    Aporta mayor sensación de saciedad, por lo que facilita la reducción del consumo calórico en la dieta.   
-    El consumo de cereales integrales disminuye el índice de masa corporal y el peso.

ESTREÑIMIENTO
-    Disminuye el tiempo de tránsito intestinal.
-    Aumenta la masa fecal.
-    Aumenta la frecuencia y facilidad de evacuación.

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